La profesión de portero está en desuso en España, sobre todo porque los precios de videoporteros ahora son más asequibles para el bolsillo de todas las comunidades. Sus orígenes datan de la Edad Antigua, cuando su figura era encarnada por los centinelas que vigilaban las fortalezas día y noche. 

La profesión fue evolucionando hasta que la instalación de dispositivos como los porteros automáticos empezaron a desbancar la figura humana del portero de las fincas urbanas. Cuesta mucho menos instalar un aparato que abra la puerta mediante la interlocución de un interfono que pagar el salario de alguien para que esté mañana y noche vigilando nuestro edificio. Incluso los competitivos precios de videoporteros de hoy arrinconan más la profesión que, todo hay que decirlo, aún existen en ciertas comunidades de propietarios.

Las funciones de los porteros consisten en vigilar quién entra y quién sale de la finca, ayudar a los vecinos con las maletas hasta el ascensor o hasta la calle, asistir a la gente mayor cuando acceden a la finca, al ascensor o a la calle, recepcionar la llegada de paquetes y visitantes, y como norma de cortesía, abrir la puerta del edificio que custodian cuando entra o sale alguien. 

Paralelamente, el portero como vigilante de la finca, también ejerce funciones de seguridad. Por ejemplo, tiene autoridad para vetar la entrada al edificio a personas que no conozca o que no estén autorizadas. También tiene la facultad de expulsar a las personas que sean problemáticas o estén en estado ebrio.

Aun así, un portero como trabajador goza de vacaciones, permisos retribuidos, licencias por enfermedad, en fin, de todos los derechos que gozan los trabajadores por ley. Por eso es mucho más costoso contratar a un portero que un sistema de control como el videoportero de ANDETEL, donde trabajamos las 24 horas, los 365 días del año, sin interrupción.